Heleneberg: Una experiencia de acogida de refugiados menores no acompañados en Alemania

P. Meinilf Von Spee. Salesiano Welschbilling. Alemania

Háblanos de Helenenberg en pocos trazos

Helenenberg es un moderno centro de atención juvenil, en las proximidades de Trier, donde, desde 1925, los Salesianos de Don Bosco están trabajando en el cuidado, acompañamiento y educación de adolescentes varones.

En los años noventa, este compromiso sufrió un cambio radical. Renunciando a esquemas de trabajo más estables, la misión y el trabajo salesiano han ido experimentando cambios continuos tratando de responder a los nuevos retos y desafíos. Desde entonces, el “cambio” se convirtió en el foco de la obra, si bien continuaban firmes los esquemas de formación por una razón: el trabajo realizado y la formación impartida constituyen un conjunto de buenas condiciones para el desarrollo personal de los jóvenes y proporcionan la base para la integración social en la sociedad.

Ya en 1995, el Helenenberg comenzó a acoger jóvenes menores no acompañados. En general, atendía a había un grupo de 10 a 12 jóvenes de diferentes países, en su mayoría llegados solos al aeropuerto de Frankfurt, sin padres ni familia de referencia, con necesidad de ser atendidos en sus necesidades básicas, personales y educativas, hasta alcanzar la mayoría de edad y completar su formación profesional.

¿Qué pasó en el verano de 2015? ¿Cómo reaccionó la sociedad alemana?

La situación cambió de forma imprevista cuando comenzaron a llegar a Alemania, en oleadas, un gran número de refugiados de Siria y Afganistán.

El punto de vista de la sociedad alemana sobre este tema quedó determinada por dos eventos simbólicos: la apertura de las fronteras a los refugiados que quedaron varados en Hungría y la publicación de la imagen de aquel niño refugiado muerto en la playa de Turquía.

A principios de septiembre de 2015, se prodigó una reacción inicial de euforia, de solidaridad y de ayuda que la canciller alemana Angela Merkel con la frase: “Podemos hacerlo”.

Una reacción que decayó poco a poco hasta aparecer, pasados algunos meses, como parcialmente negativa frente a la acogida y aceptación de los refugiados.

No hay duda. Las agresiones sexuales en 2015 en Colonia a las chicas y mujeres jóvenes durante las celebraciones públicas “Sylvester”, protagonizadas en su inmensa mayoría por varones extranjeros, generaron un escepticismo que usado e impulsado políticamente por los partidos de la derecha y la CSU de Baviera, vinculado a aquella fiesta por la sociedad alemana, dio lugar a una serie de restricciones legales a la permanencia de refugiados.

Para el Helenenberg este cambio significó que en el verano de 2015, hubo que abrir de manera adicional, cuatro nuevos grupos de acogida de jóvenes refugiados no acompañados. Esto supuso una gran novedad en la creación de nuevos espacios de vida y, más importante aún, un gran esfuerzo de formación para todo el personal comprometido en la tarea al que se habían incorporado nuevas personas. Entre 2015 y 2016, los educadores hicieron grandes esfuerzos para afrontar muchos y nuevos desafíos, si bien, desde el otoño de 2016, se han cerrado algunos grupos, al disminuir considerablemente el número de refugiados que llegan a Alemania.

En la actualidad existe un grupo residencial que podemos considerar de “limpieza” o de legalización inicial, en el que los jóvenes aclaran su situación sanitaria y legal en un periodo que se prolonga entre seis y ocho semanas después de su llegada.

Además tenemos dos grupos de refugiados jóvenes entre 14 y 18 años. Los menores de 16 años asisten a las escuelas públicas de la zona donde consiguen una primera titulación escolar. Posteriormente cursan un año de capacitación profesional orientado al logro de una cualificación de escuela secundaria pre-profesional que les permite el acceso a la formación profesional en el sistema dual alemán.

Algunos de esos jóvenes, cuando los servicios sociales lo consideran necesario, reciben la formación en nuestros talleres y nuestra escuela profesional. En otros casos los jóvenes entran en la Formación Profesional (sistema dual alemán) con empresas de mecánica, electricidad, automovilismo, etc. Muchos de ellos encuentran problemas en la parte teórica de su formación y necesitan una ayuda financiada por una fundación privada prestada por trabajadores sociales.

A lo largo de los últimos años podemos comentar algunas experiencias que condicionan o marcan la vida y las relaciones de estos menores no acompañados. Hablamos, ante todo de la carga de vida con que llegan hasta nosotros estos jóvenes y las experiencias vividas antes de escapar y huir de su país. Aunque no siempre estos jóvenes prefieren hablar de ellas y de su vida anterior, algunos están muy traumatizados por distintos motivos: han perdido a familiares, parientes o amigos, en el mar; otros se muestran irritables o alterados y hay otro grupo que se incorporan a la vida de Helenenberg sin problemas.

Pero la mayoría de los adolescentes reportan su nostalgia, la falta de los padres o la ausencia de la familia. Algunos no han encontrado entre nosotros el país que habían esperado o idealizado a la hora de reconstruir su vida en Alemania.

El aplazamiento de la reunificación familiar es a menudo un gran problema para estos jóvenes, incluso para aquellos que reciben la noticia de que los padres ya no viven en una zona de guerra en Siria. Una vez entre nosotros, siguen con la esperanza de que puedan traer a sus padres a Alemania.

Otra cuestión que nos planteamos tiene que ver con los niveles de educación escolar previa con que llegan a Alemania. Algunos han frecuentado la escuela regularmente durante varios años, otros, sobre todo, entre los que proceden de países africanos, llegaron con escaso nivel escolar o carentes de cualquier asistencia a una escuela, lo que supone la dificultad sobreañadida de soportar seis horas diarias de enseñanza. Por eso se les proporciona un año para aprender el idioma alemán antes de pasar a cursar estudios preparatorios a la formación profesional regular (Berufsvorbereitungsjahr) junto con estudiantes alemanes. Así en la FP, aprovechan los servicios de orientación profesional y armonizan la escuela y el taller en pro de una graduación oficial en combinación con la orientación profesional.

Muchos de ellos tienen suficientes habilidades lingüísticas y pueden expresarse bien en la vida cotidiana. La gama de logros en las otras asignaturas, así como en las habilidades prácticas son similares a las de nuestra juventud alemana, por lo que se integran bien en los grupos juveniles locales. De los graduados de esta formación preprofesional, dos tercios han continuado su formación dual en empresas externas con un contrato de capacitación regular y casi un tercio de ellos, permanecieron en los talleres de aprendizaje del Helenenberg.

En la formación profesional, los jóvenes refugiados hacen una buena figura: están motivados y algunas veces son muy ambiciosos aunque, no es raro que, por sus hábitos culturales, cuando los educadores y monitores son mujeres muestran su extrañeza al hablar y encontrarse con mujeres que pueden decirles qué hacer y qué dejar.

Un problema, común a casi todos, es la falta de comprensión de la terminología específica de cada profesión. Como es natural tienen un conjunto de carencias lingüísticas que juega un papel no insignificante en el inicio de sus trabajos de taller y de manera especial en las explicaciones teóricas de la FP. Los instructores, los profesores y los mismos jóvenes tienen que esforzarse mucho y tener mucha paciencia para explicar y captar una terminología técnica que es mucho más natural para los jóvenes alemanes. Eso supone fomentar la formación específica y el apoyo permanente de los educadores.

Los antiguos alumnos, que ahora son adultos legales y en su mayoría viven solos, reciben el apoyo de la educación y la acción de voluntariado de nuestros salesianos para que puedan dominar los nuevos requisitos en el primer año.

NASRULLA

Nasrulla es un adolescente de 18 años de Afganistán, acompañado educativamente por Meinolf y apoyado en su formación en una empresa de construcción metálica cercana, Meinolf ha entrado en diálogo con Nasrulla tratando de complementar su propio punto de vista sobre la realidad de los jóvenes no acompañados refugiados.

Llegaste a Alemania a principios de 2016. ¿Cómo viniste aquí?

Estuve en Afganistán hasta 2015, cuando los combatientes talibanes invadieron nuestro pueblo. Así que salí corriendo y hui a Persia con algunos otros. No pudimos quedarnos allí y decidimos ir a Europa. Pagamos el viaje a Turquía y el crucero a Grecia, el resto lo hicimos a pie y en tren.

¿Sería muy peligroso?

Pensé, como en Afganistán no puedo vivir porque los talibanes nos están siguiendo, me pongo en camino y busco una oportunidad para el futuro

¿Cómo es la vida en Alemania?

Buena y mala. Bien, porque aquí no tenemos guerra ni nuestra vida está en peligro. También es bueno tener la oportunidad de obtener una educación. Lo malo es que no tengo a mi familia, que no sé nada de ella desde el ataque de los talibanes. Afortunadamente, aquí cuento con dos amigos de mi pueblo que ya conozco.

Hoy hablas bien alemán, ¿cómo lo aprendiste?

Al principio con el teléfono móvil en Internet, luego en el curso de idiomas en Helenenberg. Los maestros nos ayudaron mucho aquí. Después de las vacaciones de verano en 2016, asistí al año de formación profesional donde también aprendimos mucho sobre Alemania y las profesiones. Pero debes practicar con mucho esfuerzo, sobre todo porque los supervisores y educadores, al ser nosotros muchos, no tienen tiempo.

¿Qué te gusta de los alemanes?

La mayoría son buenos y también son muy amables con nosotros. Nos ayudan mucho. Pero también hay personas que no nos quieren. Pienso en el partido AFD (Alternativa para Alemania). Si hubieran ganado las elecciones, todos tendríamos que irnos de Alemania. Eso sería muy malo para mí.

¿Cómo ves el trato de las autoridades alemanas?

Por suerte, eso ha sido bueno para mí. Hasta ahora no he tenido problemas con la policía. No creo que sea bueno que algunos refugiados en Alemania tengan problemas porque entonces la gente, al ver a algunas personas, pueden pensar que todos somos así. ¡A veces lo oyes!

¿Cómo te va en la Formación Profesional en tu empresa?

Tengo buenos colegas y mi instructor explica todo muy bien. Él prefiere hablar lenta y correctamente, en lugar de rápido y sin respetarnos. La formación profesional es realmente difícil. Sin la labor de tutoría y de apoyo, no podría hacer eso. Por eso es bueno que Helenenberg todavía me ayude.

¿Y sobre la religión? ¿Puedes vivir tu religión?

Aquí no tenemos problemas con la religión. Aprendimos mucho sobre los cristianos aquí y, por primera vez, conocimos a personas sin religión. No lo entiendo, pero nos llevamos bien.

¿Qué quieres hacer en el futuro?

Después de mi aprendizaje, me gustaría volver a la escuela y graduarme, para poder estudiar. Sueño con convertirme en médico. Si puedo volver a vivir en Afganistán, me gustaría regresar allí. De lo contrario, me quedaré aquí.

¿Dónde has encontrado la mayor ayuda?

Nuestros tutores y maestros nos han ayudado mucho y han entendido que vivir solo sin padres y familia no es fácil.

¿Crees que hay cosas que se podrían hacer mejor en Alemania respecto a vosotros?

La ayuda a los refugiados aquí es buena, pero no se les debe decir continuamente que tendrán que irse de nuevo. Creo que sería bueno permitir también que viniesen nuestras familias porque sin la familia estás muy solo.

También me gustaría decir a todos que no teman a los refugiados, incluso aunque haya quienes hacen cosas malas. No todos somos así.

La vida continúa entre el sí y el no hacia los refugiados: Nasrulla seguirá llamando a la puerta y no faltaran otros Helenenbergs.

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