La delicada fuerza de una vida

Beatriz Gutiérrez Cabezas. Educadora de la Fundación JuanSoñador. León

Radya Ait es una joven apasionada de la vida, a ella las palabras se le escapan de entre los dedos conscientes de la valentía de la historia a la que pertenecen. Un día la escuché cantar y entonces, aún no sabía que podría quedarme tan boquiabierta escuchando su música como su relato de vida.

“El significado de mi nombre no tiene mucho que ver con mi personalidad, tiene un sentido de sumisión con el que no me siento identificada. Es verdad que soy tímida y me cuesta mirar a los ojos, creo que es por la carga educacional que llevo dentro de mí, pero sumisa no.

Soy bereber Tachalhit, nací en la montaña, en Ait Sedrat, un pueblo precioso. Es un orgullo tener mis raíces en esta cultura que tiene tan poco que ver con la falta de libertad que en muchos aspectos se vive en Marruecos.

Viví en ese precioso pueblo durante el primer año de mi vida. A través de mi memoria y de la de las personas que he tenido cerca, he ido reconstruyendo mi historia y he sido capaz de entenderla. Mi abuela paterna murió cuando mi padre era muy pequeño, mi abuelo se casó con otra mujer con la que mi padre nunca tuvo buena relación, hasta tal punto que a los catorce años le echaron de casa, se tuvo que buscar la vida y aprendió a luchar sin el afecto tan necesario en esos primeros años de vida. Mi padre conoció a mi madre, se casaron y nací yo. Aunque mi padre retomó contacto con su familia, la relación siguió siendo mala, hasta tal punto que cuando yo era muy pequeña y vivíamos con ellos, también nos tuvimos que ir. Estuvimos rondando de casa en casa hasta que mi padre decidió venirse a España, entonces nos enviaba dinero y ya podíamos vivir de manera más holgada.

Cuando tenía doce años pudimos venir a España con mi padre; conocí de repente otra forma de vida. Me iba bien en el instituto, estudiaba muchísimo y mi imaginación me permitía refugiarme en mi mundo cuando era necesario. Mi padre empezó a ejercer su papel protector desde el miedo, tenía tres hijas con las que no había tenido mucho contacto y su manera de hacer era reprimirnos; estaba destinada al uso del pañuelo desde edad temprana, no le gustaba que socializará… En pocos meses aprendí el idioma y descubrí formas de relación que no conocía, veía relaciones de padres e hijos que envidiaba, allí lo aceptaba, pero aquí ya no. Cuando empecé a relacionarme más y a tener amigos, mis padres empezaron a asustarse más y me prohibían salir, entonces les engañaba diciéndoles, por ejemplo, que iba a clases de apoyo escolar y realmente iba aL teatro… Hubo un momento que la situación era tan tensa que me amenazaron con llevarme de nuevo a Marruecos, tenía miedo a que me dejaran allí obligándome a vivir una vida en la que no creía. Al final, todo acabó como tenía que hacerlo, tomé la mayor decisión de mi vida, salí de casa de mis padres con quince años y entré a vivir en un hogar tutelado en el que estuve hasta los 19 años. Fue una ruptura tan dura que olvidé todos mis recuerdos hasta ese momento, lloré muchísimo, pero tuve que centrarme. Ahora soy capaz de reconstruir todo lo que olvidé ese día y sentirlo de manera diferente, ahora puedo mirar mi vida desde la tranquilidad. Entiendo muchas cosas y sigo deseando dar un paseo con mi padre y hablar de todo esto. Hablo con mis hermanas y veo a mi madre que quiere estudiar y eso me alegra.

De dónde yo vengo estos últimos años, no es habitual estudiar una carrera, pero lo estoy haciendo, soy estudiante de Trabajo Social. Me gusta investigar y leer, pensar en cómo lo he vivido yo y como se refleja en la teoría. Soy tremendamente consciente de lo delicado de esta profesión, las vidas son delicadas. Me encanta aprender pero también sentir.

Con respecto a la sociedad hay muchas cosas que cambiar, desde el capitalismo que provoca tantos malestares, hasta la lucha por la dignidad de todas las personas en todos los lugares del mundo.

A la vez de toda esta historia, en mi mundo siempre ha habido espacio para el arte. Desde pequeña he cantado, además me ha gustado escribir, pintar, me encanta hablar con mis amigos de la vida, de libros, escuchar música con gente que se apasiona, pasear por la tierra tierna y mojada… Hace poco me enteré que mi abuelo tocaba la pandereta en las bodas… ¡Quizás me venga de ahí!

En mi familia, a la vida artística no se le da mucho valor, de hecho se la llama “viento”, se ve como el viento que se va. Sin embargo, en torno a la música he conocido a mucha gente de diferentes lugares que me han ayudado y contagiado inquietudes.

Pensando en mi futuro, me gustaría dejar huella para seguir siempre viva. Dejar huella en las personas, en el mundo intelectual y artístico… Quiero investigar, trabajar la interculturalidad a través de la música… ¿Te imaginas crear encuentros de convivencia de los folclores de diferentes culturas? Sería una mezcla perfecta y natural.

La música ha sido clave en momentos de mi vida, me ha permitido divagar y escuchar mis tripas. La música a veces ha sido silencio y otras veces ha sido ruido, sonidos de la montaña, también ha sido, blues, jazz…

Estoy orgullosa de mi sensibilidad, de que en mi vida no haya departamentos y pueda integrar todas mis partes, la social, la artística… en la misma vida. Soy un puente intercultural y me gustaría que ese puente a medida que cumplo años tenga más salidas y entradas, que circule todo: el agua y la vida”.

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