Abuna Hadia

Enrique Torres, educador social del Programa Buzzetti de Don Bosco Salesianos Social en Málaga.

Hace tiempo decidí unir mis dos pasiones: la educación social y la música. Me formé en ambos campos y al finalizar los estudios tuve la oportunidad de trabajar como educador con jóvenes extutelados y menores en riesgo de exclusión.

Siempre he creído en el alcance que puede tener la música, no solo como una salida profesional y virtuosa, sino como una herramienta terapéutica capaz de saltar y atravesar barreras culturales, sociales, emocionales y fisiológicas. Entonces me interesé por los ámbitos en los que la música era aplicada de forma terapéutica y me formé como musicoterapeuta. Comencé a leer estudios con evidencias científicas y testimonios de las personas que habían conseguido a través de la música una mejora en su calidad de vida. Pensé que las herramientas que estaba adquiriendo podrían ser adaptadas para el colectivo donde yo trabajaba.

La música se convierte en este caso en el medio y no en el fin. Se constituye como herramienta de inclusión, donde la persona pueda desarrollar tanto habilidades internas de regulación emocional como habilidades sociales en relación con los demás.

En concreto, desde el programa Buzzetti Málaga lanzamos esta iniciativa utilizando el arte como elemento de expresión y acercamiento multicultural. Es una oportunidad donde los jóvenes a los que acompañamos pueden desarrollarse y relacionarse con otras personas rompiendo las barreras e impedimentos del idioma, lugar de procedencia y diferencias socioculturales, a través de la expresión musical.

El objetivo prioritario de los jóvenes que emigran a nuestro país es la búsqueda de empleo. Con ellos se trabaja, además de la orientación laboral y gestiones de su situación administrativa, formas sanas de ocupar su tiempo libre y es aquí donde entra el papel de la música. De manera transversal, trabajamos esos conflictos emocionales que se desarrollan en el interior de estos jóvenes, encontrando una forma creativa desde donde darle salida.

En primer lugar, dimos clases de iniciación en la práctica de instrumentos musicales: clases de guitarra, de piano, de percusión, algunas nociones básicas sobre música y técnica. Entonces, lanzamos la iniciativa a los jóvenes: crear el grupo de música Abuna Hadia, justo cuando acababa el confinamiento.

Este nombre se compone de dos palabras: “ABUNA”, que en un pueblo de África de donde procede uno de los integrantes significa “música”; y “HADIA” que en árabe significa “regalo”. Uno de los chicos nos lo explica: «Para mí la música es un regalo. En mi casa siempre había música cuando era pequeño. Siempre me ha gustado cantar. Escucho música y canto cuando estoy alegre y también cuando estoy triste. Es una parte muy importante en mi vida».

Hemos lanzado un primer videoclip de grupo, donde a pesar de las diferentes historias de vida de cada uno, todos hablamos el mismo idioma: la música.

Un chico integrante del grupo, procedente de Marruecos, nos cuenta su experiencia: «Para mí la música siempre ha sido muy importante, porque me gusta desde muy pequeño, en mi familia siempre había música y me gusta poder aprenderla y tocarla junto a mis amigos y otras personas de muchos sitios».

En el grupo somos ahora 5 personas, aunque antes habían más chicos que por trabajo o por estudios no pueden seguir viniendo. Somos todos de Marruecos, menos uno que viene de Mali, pero todos de distintas ciudades. Lo bueno de la música es que da igual de donde seas porque solo hay un lenguaje posible, y todos hablamos el mismo idioma cuando tocamos. Aparte de ensayar hacemos más actividades y nos relacionamos de forma diferente con la otra persona. Cuando cerramos la puerta del aula, todos los problemas que tengamos, tenemos que dejarlos fuera antes de entrar.

En la actualidad, los integrantes del grupo compaginan esta actividad con su vida laboral, o su formación académica, sin dejar de perseguir un sueño respaldados por la figura de Don Bosco.

«Sigamos construyendo horizontes donde otros levantan murallas».




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