Acompañar a jóvenes solicitantes de protección internacional desde una vida de entrega

Francisca García. Hija de la caridad, Proyecto Pinardi-Nicoli Refugiados.

En el Siglo XII Vicente de Paul supo dar respuestas a las necesidades de su tiempo. Las Hijas de la Caridad, fieles a sus orígenes, han sabido responder, con audacia y creatividad a las múltiples y variadas necesidades que han ido surgiendo a lo largo del tiempo.

En la Asamblea General de las Hijas de la Caridad en París, de 2015 cuyo Lema fue “La Audacia de la Caridad para un Nuevo Impulso Misionero” Uno de los Desafíos-Retos que recoge el documento final es:

“Luchar junto a otros, contra las estructuras que generan las esclavitudes de nuestro tiempo, dando respuestas creativas a las situaciones de Trata, Migrantes, Refugiados”.

Retos a los que toda la Compañía y también en España se ha ido respondiendo según las diferentes realidades y posibilidades.

Las Hijas de la Caridad tenemos muy presente que no hay situación de necesidad (pobreza alguna) que consideremos ajena. “Donde haya una necesidad debería haber una Hija de la Caridad”. Pues el fin de la Compañía de las Hijas de la Caridad es el servicio de Cristo en los pobres: “En una mirada de Fe ven a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo” (Constitucion.3b.) Vicente de Paul afirma en un momento de su vida “Cada quejido de los pobres, llena de confusión el corazón de Dios”. Hoy llena de confusión nuestro corazón tantas personas sin papeles, jóvenes en la calle, familias sin un techo, jóvenes sin regularizar, los “sin papeles”, sin derechos y por tanto sin dignidad.

Pues bien, una de las respuestas a los compromisos de la Asamblea, es mi presencia como Hijas de la Caridad en el Proyecto Pinardi-Nicoli. Aunque toda mi trayectoria vocacional se ha desarrollado en el mundo de la infancia y adolescencia en situación de desprotección, donde he podido acompañar a menores migrantes que llegan solos, —durante mi estancia en Centros de protección—, tengo que reconocer que participar en este Proyecto me ha tocado de manera muy especial. Ha sido como entrar en lo nuclear de mi entrega, he sentido que estaba en un lugar privilegiado, porque “La Hija de la Caridad tiene que comprometerse en las encrucijadas de la vida, donde se juega el ser y el porvenir del hombre” (Ibáñez Burgos. J M. 1993).

La presencia de Las Hijas de la Caridad en el Proyecto va más allá de realizar una tarea concreta, es una presencia más carismática y pastoral, de acompañamiento, de estar, de compartir sus preocupaciones, también sus sueños y así poder comprender su realidad, también a veces, el silencio de quien reivindica, respeto, justicia y también la rabia de quien ya ha dejado de esperar. También he descubierto algo muy importante para mí, —acostumbrada a correr a hacer muchas cosas y en ocasiones no tener tiempo para escuchar—, que solo estando, se puede ver, comprender y al comprender puedes transformar. Muchas veces en el acompañamiento a una persona el otro encuentra fuerza para seguir, porque todos necesitamos de alguien que crea en nosotros, y estos chicos y estas chicas necesitan de esa individualidad, ser único, ser persona, descubrir y ver que existe para alguien, porque la sociedad los hace invisibles. El reconocimiento del otro, la acogida, cálida y sencilla, es camino de incorporación a la sociedad, al grupo. Nuestra implicación hace que el otro sienta que es considerado como persona y vaya recuperando su dignidad. Esto lo hace muy bien este Equipo.

Trabajar en estas realidades es también para mí una manera de luchar por la justicia desde la escucha, escucha que hace desplegar la comunicación, en proximidad con ellos —que no quiere decir vivir como ellos— pero solo desde ahí se pueden conmover los pilares de la injusticia. Cuando la exclusión golpea la vida de una persona y quiebra la propia subjetividad, con sus formas de ver, amar, esperar, la presencia de personas implicadas, es una invitación al encuentro, a la comunicación que ha de tener carácter afectivo.

Luchar por la justicia es dar identidad, hacer que alguien se sienta persona, que recobre su dignidad, porque los excluidos no son un grupo social, una raza… son personas con biografía personal. Es por eso que nuestra presencia les ayuda a romper su anonimato y recuperan su nombre, su historia y su identidad.

Trabajar poniendo en el centro a la persona está en el ADN de las dos Instituciones —Hijas de la Caridad y Salesianos— y de las personas que forman el Equipo y esto solo es posible desde un cambio de mirada que ve más allá de las apariencias, de comportamientos. En palabras de Vicente de Paul: “No hemos de considerar a los pobres por su aspecto exterior, ni por su expresión, pues con frecuencia no tienen el aspecto agradable, ni son educados. Pero dadle la vuelta a la medalla y veréis con los ojos de la Fe que son ellos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre y en su pasión no tenía aspecto humano”(V.P. 1659). Una vez más nos recuerda que todo ser humano tiene la misma dignidad, más allá de aspecto, lengua o religión.

El acompañamiento, como herramienta de nuestro estar al lado, abre al conocimiento, a la empatía de un sufrimiento compartido, ver al ser humano individualizado, verlo más allá de su apariencia, verlo desde su sufrimiento y acoger, acompañar. Desde aquí podemos ayudar a que l persona pueda recuperar su dignidad y por tanto su destino.

Se trata de que la persona encuentre ese punto de apoyo para poder seguir, porque el ser humano nunca pierde la esperanza. En Pinardi-Nicoli no hay refugiados están: Mohamed, Mamadu, Yousef…Ahlem…

Para mí, como hija de la Caridad, acercarme a estos jóvenes es como pisar Tierra Sagrada, adentrarme en la fragilidad y la vulnerabilidad de personas que se ven obligadas a salir de su tierra, a dejarlo todo… en busca de paz, libertad, de una vida mejor, me siento a veces muy pobre, pero me da fuerza cuando pienso que puedo aportar mi granito de arena en este precioso proyecto, que puedo acompañar a las personas que forman el Equipo estando siempre disponible para lo que se necesiten, tanto los chicos como educadores.

También en otros momentos he sentido que los chicos y las chicas de nuestro Proyecto han tenido suerte, esto al ver a muchos jóvenes, que durante el confinamiento su lugar ha sido la calle. Y aquí la frase de Vicente de Paul en el S.XVII se hacía real para mí. “Los pobres que se multiplican todos los días, que deambulan por las calles, que no saben a dónde ir, ni que hacer. Ellos constituyen MI PESO Y MI DOLOR”. Esto se hace realidad en el Siglo XXI.

Otra cosa que quiero destacar es que me aportan mucho más que doy, cosa que en mi larga trayectoria de servicio siempre he constatado. En este caso no solo los chicos y las chicas me han aportado, también las personas que forman este equipo, su cercanía, su disponibilidad, sensibilidad en su tarea diaria ha hecho que me interrogue de forma muy positiva y a veces han hecho, sin darse cuenta, que cuestione mi vida de Entrega, al ver que en ocasiones hacen lo mismo o quizá mejor que quienes hemos entregado la vida.

SOBRE LA AUTORA

Francisca García, Hija de la Caridad. Licenciada en Pedagogía.

Desde mi “Envío en Misión” —Así llamamos en la Compañía de las Hijas de la Caridad una vez terminado el Seminario, el destino a las obras—, en 1980, he realizado mi servicio de Hijas de la Caridad en el mundo de la Infancia y de la juventud en Centros de Protección.

De 1980 a 1989 en Murcia: Residencia de Menores y Jóvenes en situación de Vulnerabilidad —en vocabulario de hoy—. Allí participé activamente en aquel llamado proceso de desinstitucionalización de los llamados macrocentros. 1989 a 1992 En el Servicio de Apoyo a familias, de la Comunidad Autónoma de Murcia. Desde el 1992 En Centros públicos de la Comunidad de Madrid: Acogida de Hortaliza, posteriormente, puesta en marcha de la Residencia territorial de Leganés hasta finales de 2009. Desde 2009 hasta finales de 2017 en Cartagena, Centro de primera acogida y media estancia de niños entre 0 y 7 años.

Desde 2018 estoy colaborando en el Proyecto Pinardi-Nocoli de Jóvenes solicitantes de Protección internacional, proyecto compartido Hijas de la Caridad-Salesianos.

Como puedes ver tengo muchos años y toda mi trayectoria vocacional de 40 años ha estado al servicio de menores y jóvenes. Mi larga experiencia de trabajo con menores y familias, así como la coordinación de equipos me ayuda a situarme en esta realidad desde otra perspectiva y está siendo un enriquecimiento en mi vida de Entrega a Dios en el Servicio a los Pobres.




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