Claves para una mejor salud mental

Charo Cortés. Psicóloga y educadora de la Fundación Ángel Tomás en Valencia.

Charo Cortés

Hace tiempo que ando pensando en si el hablar de la salud mental se ha convertido en una cuestión de moda o verdaderamente se debe a un cambio de nuestra sociedad. Me pregunto si el que sea un tema actual es consecuencia de la conciencia social o simplemente responde a que un día un político concreto puso en su boca “la salud mental” y entonces se convirtió en tema de debate. Quiero pensar que se trata de algo más profundo. Sobre todo, porque me gustaría creer que un cambio es posible y que cuando decimos que hay mucho por hacer, nos pongamos en movimiento y hagamos algo, aunque sean pequeños cambios.

Dicen que hasta que una persona no pasa por la experiencia vital de “cualquier cosa” es difícil que pueda comprender bien como “alguien” que vive dicha situación se pueda sentir. Parece que nuestra sociedad, después de haber sufrido una pandemia mundial, con sus efectos y consecuencias, ha tomado más en serio algunas cosas. Entre ellas, la importancia del cuidado de la salud mental y el hecho de contar con el apoyo de ciertas profesiones.

Hay una preocupación mayor por cómo nos ha podido afectar todo lo vivido, la salud mental ahora nos interesa. Quizás tiene que ver con que hemos sentido que nuestro bienestar emocional, psicológico y social se ha visto amenazado. Y esto afecta a cómo pensamos, sentimos y actuamos. Determina cómo enfrentamos el estrés, cómo nos relacionamos con los demás y cómo tomamos decisiones.

Todo se nos vino abajo cuando sentimos que nos quitaban el bien más preciado, la libertad. Y entonces llegó el miedo. La incertidumbre de no saber qué estaba pasando y estar en duda de todo. Ha sido duro ¿verdad? Pues pensemos que algo parecido sienten, pero desde bien pequeñas, algunas de las personas que acceden cada día a nuestros recursos.

Escuché no hace mucho, en un foro de debate sobre la salud mental, que el sentirse personas autónomas, también libres y carentes de miedo, nos convierte en personas con una buena salud mental. A mí esto me da pistas de por dónde caminar para ayudar a las personas con las que trabajo. Quiero contribuir a hacerlas más capaces por ellas mismas de hacer las cosas, que se sientan libres y me encantaría que sus miedos disminuyeran. Que sintieran luz y esperanza, paz y mucha calma. Esto seguro nos ayuda a mejorar la salud mental. Luchemos por una sociedad que potencie estos valores: autonomía, libertad y esperanza. Ojalá cada día construyamos una sociedad libre de miedos.

Como profesionales somos parte de la construcción social y debemos considerar que lo que hacemos es de vital importancia. Poner ganas en lo que hacemos y buscar nuevas herramientas ante los retos que se nos presentan. Y quizás el más importante es el de ayudar a nuestros niños, niñas y adolescentes a encontrar el sentido de la vida. Ayudarles a encontrar un motivo importante por el que luchar.

Es esencial dar alternativas para provocar cambios. La falta de motivación es un gran obstáculo, también lo es la baja tolerancia a la frustración. Y generar un espacio amable en nuestros lugares de trabajo será muy importante. Poner como elementos clave la autonomía, la libertad y el empoderamiento. Son las protagonistas de sus vidas y nosotros como profesionales somos apoyo para aumentar y creer en sus capacidades.

Con las personas con las que trabajamos, quizás estar cerca sea lo más relevante. Estar disponibles, para cuando nos necesiten. No siempre tendremos una solución para sus problemas, pero sí podemos acompañarlos. Qué importante es ofrecerles seguridad y estar a su lado para sobrellevar mejor aquello que les está pasando.

Con excesiva frecuencia nos topamos con adolescentes que presentan conductas autolíticas, con serias dificultades para regularse emocionalmente, incluso que llegan a pensar en quitarse la vida. Muchas veces no sabemos cómo actuar, ni cómo entender esta situación que viven con tanto sufrimiento. Es necesario saber y tener claro que no dejan de ser la expresión de un malestar. El abordaje de las mismas dependerá de muchas variables, pero hay algo que sí debemos tener claro y es que podemos ayudarles a que aprendan a cuidarse. Es importante que aprendan a vincularse con los demás y para eso nos tienen a nosotras, que sepan que cuentan con apoyos, eso tiene mucho valor. Hacerles sentir que creemos en ellos, creemos en ellas. Buscar sus fortalezas y hacérselas ver. Que sepan que tienen valor para el mundo. Es necesario prestar atención al presente, aprender a vivir AHORA es esencial.

Grupo de niños y niñas de FISAT

En esta misma línea es importante también cuidar a las familias de nuestros chicos y chicas. Cuántos padres y madres con la autoestima muy bajita por sentir que no lo saben hacer bien. Cuánta culpa en sus personas. Ayudemos a que se sientan bien, acompañemos y empleemos tiempo en esos adultos que forman parte de la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes, porque será la mejor manera de cuidar su salud mental.

El desconocimiento o la falta de diagnóstico no pueden servir de excusa para no hacer, para no poner en marcha actuaciones. Los diagnósticos son útiles si sirven para encontrar soluciones o recursos, sino para qué ¿para volver a etiquetar? En mi experiencia cotidiana cada vez me ayuda más olvidar un poco la parte cognitiva y potenciar al máximo todo lo que tenga que ver con lo sensitivo, con lo emocional. Cobra mucho valor la conexión con la persona, trabajar con lo que contamos, con el potencial de cada uno, de cada una. Todas tenemos mucho que aportar y es bonito dejarnos sorprender.

Es por eso que hago mención especial al trabajo en red, a la coordinación entre los recursos, de vital importancia para conseguir que los retos que tenemos por delante se puedan conseguir. La salud mental es cosa de todas.




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