Cuidados en tiempos de pandemia

Laura Ramos de Blas. Responsable de comunicación y marketing en Ecooo Revolución Solar.

Nos acercamos al primer aniversario del día que nos cambió la vida. El día cero del pretendido cero contacto en el que nos alejamos de todo para estar más cerca que nunca de la mejor manera de cuidarnos. Una necesaria distancia que en muchos casos, nos alejaba de un aparente equilibrio de cuidados, que ahora pende del propio individuo.

Con el confinamiento de la población, iniciamos un progresivo cierre de actividad de centros educati- vos, centros de día y de asistencia a personas dependientes, así como aquellos destinados al cuidado de menores y con todos ellos, la supresión de los espacios de cuidados que, desligados de la figura del cuidador, reclamaban desde el primer minuto y sin posibilidad de prórroga, su adopción por parte de personas —especialmente mujeres—, que hasta entonces, ya cargaban además con otros roles de innegociable desempeño, como el trabajo. Una concentración de cargas que aumenta a medida que se limitan los servicios de cuidados que requieren una atención permanente y que exige desdoblarnos “en tiempos de teletrabajo”.

El frágil equilibrio entre el rol laboral, el rol familiar y el rol personal, queda en una precaria situación para la que es clave el papel desempeñado por las organizaciones y empresas para las que trabajamos. Es el momento de que las entidades parte de la Economía Social y Solidaria, demuestren la importancia de los cuidados de las perso- nas trabajadoras como la necesaria estrategia global para acercarnos más a la justicia social.

Un aprendizaje colectivo

El aislamiento físico —que no social— al que nos enfrentamos, nos ha acercado a las personas y a nues- tros equipos de trabajo una batería de rutinas de cuidados, que el desarme de estructuras derivado de la pandemia ha hecho visibles, así como otros muchos que de manera repetida pasamos por alto. Una suerte de bofetada vital que nos obliga al apoyo mutuo y cuidados como estrategia de superviven- cia, preservando nuestro equilibrio social y mental.

¿En qué lugar quedan las personas?

Si bien desde hace años escuchamos en la mayoría de las empresas y organizaciones para las que trabajamos, aquello del ya tan manido “situar a las personas en el centro”, ahora asistimos a lo que su- pone una mayor aproximación a una organización sana: situar los cuidados en el centro de la sociedad. Porque es precisamente aquí, en sociedad, donde ejercemos como empresas un papel clave en su transformación. Obviar el impacto de nuestras políticas y protocolos internos de trabajo con las perso- nas que conforman una organización, sería algo así como tratar de hacer marca como empresa única y exclusivamente en base a la emisión de anuncios publicitarios: vender humo que tan ligero como él, acaba marchando y desapareciendo sin dejar rastro. Una organización sin valor social.

Y es precisamente ese valor, que ahora comienza a tener el peso que merece, lo que impacta de ma- nera directa en el ROI de toda organización. El valor que obviando cualquier terminología cercana a la gestión de empresas, podría traducirse en el impacto que tiene en una empresa contar con un equipo de personas comprometidas y motivadas con el proyecto y que según estudios, permite incrementar hasta un 202% el retorno de la inversión sobre aquellas organizaciones en las que dichos cuidados no son tenidos en cuenta.

Los cuidados en una organización vivida en la distancia

¿Cómo acercarnos a un equipo de personas que hemos pasado a ver únicamente en unas pocas pulgadas? ¿Cómo hacer de la nueva normalidad y el teletrabajo un espacio sano y equilibrado en nuestros hogares? ¿Cómo entender que la figura de los cuidados en una organización resulta de vital importan- cia para el óptimo funcionamiento de una empresa, más allá de entenderlos centrados de los equipos de personas que las conforman?

Los micrófonos de las reuniones de teletrabajo ahora son altavoces de situaciones que desde nues- tras sillas, frente a nuestros pequeños monitores y en nuestra soledad confinada, nos recuerdan que la escala de las personas que conforman una organización, requiere de una medida a la altura del mundo que queremos encontrar ahí fuera, una vez que todo esto acabe. Casi como una cura desde dentro mientras permanezcamos en el strandby al que nos obliga la pandemia. El amor en tiempos de enfermedad, que como bien nos presentó Gabriel García Márquez, nos ayuda a salir adelante ante la enfermedad.

Solo la transformación de las organizaciones en entidades centradas en las personas, y con ello en su observación, escucha activa y cuidados, pueden ayudar a superar situaciones complicadas.

Trabajar en mayor medida los espacios de autonomía, propósito, participación y colaboración entre trabajadores y trabajadoras, así como diseñar escenarios a través de los que establecer dinámicas de progreso personal y profesional, aumenta su compromiso con el proyecto organizacional y mejora su experiencia, impactando directamente en el buen curso de la organización y por consiguiente, del de ésta en la sociedad.
Optar por la integración de los cuidados en la organización, como estrategia de sostenibilidad, de liderazgo basado en las tareas al liderazgo basado en crear contextos y espacios de confianza, repensar el modelo operativo de nuestras organizaciones, así como nuestra forma de aportar valor.

Hacia una sostenibilidad social

Si bien la pandemia nos deja grandes aprendizajes en materia de conciliación, como una mayor flexibilidad en nuestros horarios de trabajo, la integración de nuevas metodologías de trabajo que facilitasen en mayor medida el desempeño laboral de equipos deslocalizados, la sostenibilidad social abarca un mayor número de acciones en las corporaciones para lograr un mayor impacto en las personas y la sociedad.

El compromiso con la construcción de un proyecto ilusionante, pasa inevitablemente por abrirlo al colectivo, por poner la vida y las necesidades de las personas en el centro de nuestros objetivos empresariales. Una estrategia de cuidados que va más allá del lugar de trabajo que ahora, en tiempos de pandemia, queda disperso en nuestros hogares. Un plan de sostenibilidad social que incluye la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la formación, la transparencia interna, la participación y la corresponsabilidad.

Así llegamos a la pretendida línea de salida de la nueva normalidad en las organizaciones, para las que el plan de fomentar los cuidados dentro de la empresa, es tomado con el mismo respeto y calado que cualquier otra línea estratégica y para la que es necesario dedicar los recursos humanos imprescindibles para identificar nudos y facilitar la mediación que permita vivir organizaciones sanas y útiles. Abrir nuevas ventanas que permitan vivir el trabajo en una organización con motivación diaria, confiados y confiadas de formar parte de proyectos construidos a la escala de las personas que lo conforman, y para quienes la nueva normalidad heredada de los aprendizajes integrados de la pandemia, nos deja la verdadera medida de nuestro tiempo y de cómo y con quién dedicamos todos nuestros minutos y horas. Una elección que inevitablemente tomamos día a día, haciendo crecer o no proyectos que entendemos valiosos por su rol en la sociedad, mediante nuestro consumo, nuestras interacciones y nuestra participación en ellos, y para los que afortunadamente, esas mismas tecnologías que ahora nos acercan desde casa en “tiempos de teletrabajo”, permitiéndonos “estar” aún en la distancia y conocer aún sin estar presentes en el día a día de nuestro trabajo, ahora también nos muestran la salud y la enfermedad de unas organizaciones para las que “lo social” hace tiempo que dejó de ser un mero componente de interacción digital, para pasar a ser la necesaria manera de estar en el mundo.




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