Desarrollo Comunitario: empoderamiento, mejoras en las condiciones de vida e inclusión

Ernesto Morales Morales, es trabajador social y sociólogo, actualmente coordinador de Escola del IGOP (Instituto de gobierno y políticas públicas), en Barcelona, un proyecto con voluntad de incidencia en las políticas públicas y la realidad comunitaria, desde la formación y la investigación-acción. Inició su actividad profesional a finales de los años 90 en barrios de vivienda social, acompañando el impulso de planes y proyectos comunitarios; su paso por Brasil y su relación con organizaciones de educación popular han determinado su visión sobre el trabajo comunitario, poniendo en el centro la necesidad de generar conciencia sobre las desigualdades y la respuesta colectiva, así como la organización comunitaria como un proceso político que necesariamente aspira a redibujar las relaciones de poder entre administraciones y comunidad.

1. ¿Cuál consideras que es el objetivo primordial del desarrollo comunitario?

Esta pregunta nos la hemos hecho muchas veces en la Escuela del IGOP y la verdad, nos ha sido imposible condensar la respuesta en un único objetivo, eso sí, en tres si hemos sido capaces de hacerlo.

Para nosotros el desarrollo comunitario tiene un triple objetivo, el empoderamiento, las mejoras de las condiciones de vida y la inclusión (entendida como garantía de los valores democráticos de igualdad de oportunidades y resultados).

Y nos era difícil sintetizarlo porque esos tres objetivos son necesariamente complementarios e indisociables si queremos contribuir de verdad a la trasformación y la justicia social. No tiene sentido el empoderamiento, si no tiene a su vez una intencionalidad inclusiva (es decir, que vaya más allá de trabajar o empoderar a aquellos con los que nos es más fácil trabajar o que son más fuertes o más capaces entre los vulnerables, sin plantear un camino donde se incorpore también la diferencia y la diversidad en sentido amplio); al igual que también carece de sentido sino tiene como meta mejorar las condiciones de vida de las personas de una comunidad.

La suma de esos tres objetivos es sin duda una estrategia que plantea el combatir las desigualdades sociales estableciendo una nueva relación entre población, servicios públicos e instituciones políticas, asumiendo la existencia de desigualdades en nuestro sistema y no negando el conflicto como un vehículo para el cambio y la transformación.

2. Has hablado de comunidad y de empoderamiento, ¿nos podrías explicar un poco más a qué haces referencia?

Para mí la comunidad es algo a construir, es más una aspiración que una realidad, algo a lo que pretendemos contribuir desde el desarrollo comunitario.

Durante mucho tiempo, sobre todo los que hemos trabajado o vivido en barrios con una identidad fuerte, de esos de “orgullo de barrio” o de “estigma de barrio”, hemos idealizado mucho esa idea de comunidad. Nos hemos relacionado con algunas personas de esos territorios, tal vez con las más capaces, o las que tenían más motivación, o las que sabían relacionarse mejor, construyéndonos una idea no siempre real, más fundamentada en cómo nos gustaría que fueran las cosas que en como son realmente las cosas. Nos hemos relacionado como si la solidaridad, el soporte mutuo, la cohesión, la capacidad de movilización, o la voluntad de cooperación, fuesen el motor de las relaciones del barrio. Lo cierto es que existían, pero no en la mayoría, y es que cuando decimos que el individualismo va ganando la batalla, hemos de decir que también la está ganando en los barrios; y es por eso que es importante el desarrollo comunitario, y por eso también que debemos asumir que la situación de partida no es favorable, solo así podremos aspirar a revertir y transformar esa situación.

Por otra parte cuando hablamos de comunidad no podemos hablar solamente de los vecinos y vecinas, de los residentes, sino que necesariamente necesitamos hablar también de quién trabaja en los servicios públicos, de quién genera actividad para subsistir y de quién tiene una responsabilidad de gestión o política sobre aquel territorio. Y es que todo ese conjunto de actores son interdependientes, tienen un espacio de referencia compartido (un barrio o un territorio en común), y lo que hagan o dejen de hacer, afectará a la posición, oportunidades, dificultades o incluso condiciones materiales de los demás, más tarde o más temprano.

Construir comunidad, es construir conciencia en base a esa relación de interdependencia, identidad como valor positivo y voluntad de cooperación para hacer frente a los retos de ese territorio, ese entorno que nos es común, en el cual la gente vive, recibe servicios básicos o se organiza para satisfacer sus necesidades o reivindicar sus derechos.

Construir comunidad es construir relaciones, contribuir a unas nuevas formas de relación.

3. Y sobre el empoderamiento ¿Qué nos puedes decir?

Sobre el empoderamiento he decir de entrada que no es neutro. Que responde a unos valores y una intencionalidad muy concreta, que potencia o bloquea unas u otras relaciones humanas, unas u otras formas de organización social y de distribución de los recursos y el poder; de ahí la perversión del concepto en estos últimos años.

Hoy día podemos oír elogiar al empoderamiento a los mayores defensores de las desigualdades y la inequidad, a los que niegan la necesidad de redistribución de recursos o de justicia social, a quienes atribuyen que tu posición en la vida viene determinada por tus méritos, sin decirnos claro está, que en esta carrera de óbstalos que puede ser la vida, unos van con zapatillas deportivas de última generación y barritas energéticas cuando le aflojan las piernas, mientras otros van descalzos, sin soporte y llevan encima una mochila llena de piedras que no les deja avanzar.

Para mí el empoderamiento al que aspira el desarrollo comunitario trasciende lo individual y nos hace tomar conciencia crítica de las desigualdades, de quién gana y quién pierde en el día a día, y de que desde la organización colectiva es posible generar alternativas, para mejorar las cosas, o para incidir sobre las políticas que determinan las cosas. En definitiva es un empoderamiento que no solo aspira a fortalecer a los individuos, sino que aspira a tomar conciencia que la suma de problemas individuales son problemas colectivos que necesitan de respuestas colectivas, y que cuando las respuesta colectivas articuladas por nosotros mismos no son suficientes, la articulación necesita incidir sobre las reglas del juego, sobre la gestión de lo público y sobre las políticas públicas.

En base a esto también decir que, en muchas ocasiones perdemos un poco el norte del para qué contribuir al empoderamiento de la gente. Está claro que sin mejorar su autoestima, fortalecer y ampliar su red social, o su percepción de autoeficacia, es muy difícil aspirar a la mejora de su vida. Pero si nos quedamos ahí tal vez perdamos de vista que el empoderar también implica ser capaz de decidir y organizarte para hacer frente a tus necesidades y tus retos, los cuales sin los demás será difícil hacerles frente. Y que en un sistema desigual como en el que vivimos, el cual reproduce las desigualdades, es clave generar conciencia, abrir nuevos horizontes, imaginarte otra realidad y organizarte para conseguirla.

4. ¿Qué papel tendrían en esto que explicas las instituciones públicas, o las asociaciones o profesionales que trabajamos en situaciones de vulnerabilidad?

Un papel importantísimo. Generar conciencia, empoderar o aprender a cooperar es fruto de un proceso relacional, de cómo nos interpelamos a las personas que trabajamos, de si las consideramos un saco de problemas o una fuente de fortalezas y oportunidades latentes que necesitan de la activación colectiva. No se trata de tener respuestas para todo, se trata de formular buenas preguntas y de aprender haciendo, siendo conscientes de esas desigualdades y diferentes puntos de partida en las posiciones de poder. Puede ser mucho más transformadora una educadora trabajando a pie de calle, o un grupo de mujeres, que una gran estructura de coordinación comunitaria que acaba limitándose a coordinar profesionales sin hacerse ninguna pregunta de qué papel tiene la gente en lo que hacen, o de cuál es el sistema de desigualdades que causa los problemas de la situación de la gente con la que trabajan, sin otorgar ningún papel a esas personas en su proceso de cambio.

Para mí es importante no olvidar para qué hacemos lo que hacemos, lo comunitario es político, replantea una nueva forma de relación entre las propias personas y con las instituciones, nadie que trabaje con personas en el ámbito comunitario es un agente neutro. En este sistema injusto generador y reproductor de desigualdad lo que hacemos en el día a día suma o resta a los oprimidos o a los opresores, creo que es algo que deberíamos tener muy presente en nuestro trabajo del día a día.

Una entrevista por Toñi Moriana, Directora de Administración de la Fundación Don Bosco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *