Fuera de El Llindar hace frío

Begonya Gasch Yagüe, directora general de El Llindar.

Estar a la intemperie, sin el abrigo de la mirada amable, sin el deseo auténtico de acompañar y sostener a cada uno en sus largos o cortos recorridos educativos es dejarlos a merced del diagnóstico o de la soledad del que no tiene un lugar y se sabe nadie.

Tras las alarmantes cifras de abandono escolar hay jóvenes que sufren. Afrontarlo va más allá de la formación. Se tienen que abordar situaciones personales de extrema fragilidad que impiden plantearse un futuro. Se requiere un abordaje humanista y singular, trabajar más desde la invención que desde el déficit.

En este contexto, el año 2004 nace El Llindar en Cornellà de Llobregat. Nos construimos como escuela, un lugar de vida para 400 adolescentes y jóvenes que se encuentran excluidos del sistema educativo y social. Los acompañamos para construir su proyecto vital, promoviendo el retorno al sistema educativo, el acceso a la cualificación profesional y la mejora de la empleabilidad. Impulsamos actuaciones educativas y profesionalizadoras en itinerarios formativos personalizados, de dos a cuatro años, en escenarios reales de trabajo y en alianza con empresas referentes del sector.

Desde un inicio nos orienta la hipótesis de que estos jóvenes, etiquetados de locos y delincuentes, están invadidos de un profundo malestar. ¿Este malestar hace de obstáculo para consentir al aprendizaje? La pregunta ha ido madurando y hemos ido construyendo respuestas, empezando por ofrecer una mirada, un espacio y un tiempo diferentes. El Lindar es una experiencia de Vida, que cada chica y chico transita a su modo y manera, algunos bajo la forma de alumnos y algunos no, pero para todos es un Lugar y un Tiempo para existir.

El primer paso es que cada joven conecte con su deseo de aprender, y en muchos casos con el deseo de Vivir. Nerea, alumna del Aula taller lo explica muy bien: «Aquí siento que puedo aprender». Asimismo, su compañera Thais añade: «En esta escuela no se han dado por vencidos conmigo».

¿Cómo nos situamos en el horizonte para buscar el Rumbo Educativo?

Nuestra orientación contempla distintas maneras para trabajar el sufrimiento psíquico y el malestar que cada chico y chica trae consigo a la escuela, entendiendo que el sufrimiento psíquico hace obstáculo al proceso de aprendizaje. Desde este punto de vista, en El Llindar tomamos la escuela como un lugar vertebrador de una inclusión e integración que incluye la manera particular de cada joven para construir su subjetividad y futuro. Nos alejamos de lo que podemos llamar una psicopatologización de la vida cotidiana en y de la escuela que hace del más mínimo malestar subjetivo un síndrome, un trauma o un trastorno. Ello sólo nos llevaría a acabar tratando, etiquetando y estableciendo diagnósticos desorientadores que desresponsabilizarían a jóvenes, profesionales y familias.

En estos años hemos aprendido que hay que aprender a mirar, a escuchar cada emoción, cada particularidad, cada elección, cada asunto con el que el adolescente y joven manifiesta su humanidad, su sufrimiento, a menudo con conductas desajustadas y desconexiones del aprendizaje, y que hacen saber a los adultos de su entorno de la peor manera. También hemos aprendido a no considerarlo como un error cognitivo, ni un problema a corregir. El tiempo aquí queda casi abolido, que es justamente lo que se necesita para escuchar y ponerse a trabajar con las dificultades de cada chico y chica.

Desde esta Orientación, el acompañamiento subjetivo

¿Cómo nos acercamos a su sufrimiento psíquico que hace obstáculo al aprendizaje de adolescentes y jóvenes? En El Llindar hemos encontrado varios elementos que ayudan a dar respuesta. El principal es el acompañamiento subjetivo.
Cada alumno es el centro de todo el trabajo. L acompañamos en sus preguntas para construir estrategias, itinerarios y acciones educativas a medida, dibujándose de manera diferente con cada uno. El trabajo parte del interrogante que nos propone cada joven. Está orientado a buscar su consentimiento en el acto educativo, sabiendo que éste viene de una desconexión con el sistema educativo y con la vida misma. Por lo tanto, requiere reinventarse continuamente como escuela, como educadoras y educadores. Ello supone que la escuela ajusta diariamente la oferta formativa con las necesidades con las que éstos llegan.

Herramientas colaborativas para construir Vínculo

El aprendizaje de acompañar a los adolescentes y jóvenes es lento. Por ello es necesario una institución que apueste por una política educativa que invierta tiempo y dedicación para pensar, reflexionar y trabajar en la lógica del uno por uno.

Para aprender a acompañar hemos inventado diferentes espacios de trabajo donde se elabora conjuntamente un saber. Son espacios de conversación de los diferentes profesionales donde cada joven nos pone a trabajar desde su subjetividad, con su manera de estar en el mundo, de hacer lazos con el saber y con los otros iguales y adultos. Son ellos quienes ponen a trabajar a todo el equipo para buscar la manera de acompañarlos en sus asuntos, sus dificultades, sus preguntas, y trazar una respuesta educativa donde alojar su construcción personal.

Estos espacios son herramientas metodológicas que ayudan a salir de la urgencia a la que nos convocan sus malestares. No son un fin en sí mismos, son herramientas que salen de la lógica de las soluciones estándares, ya que se construye desde la lógica de la respuesta particular para cada uno.

Y finalmente son espacios donde se elaboran estrategias comunes y compartidas por el equipo; un trabajo que se formaliza y se documenta para hacer seguimiento.

En todo este trabajo contamos con el acompañamiento de profesionales de la subjetividad.

Además, la Dirección juega un papel central en la sostenibilidad de la política educativa, la orientación de los profesionales, y la construcción de conocimiento en torno a la metodología de intervención socioeducativa.

De manera más concreta, detallamos los principales espacios que vertebran la semana educativa:

  1. Construcción de casos. Espacio quincenal en el que un profesional escribe y presenta un caso para ser construido entre todos. No tenemos un saber sobre el chico o chica y es necesario entre todos averiguar cuál es la lógica, la singularidad que lo mueve. No se trata sólo de recoger informaciones. Es necesario un paso más donde situamos loque no sabemos en el centro de nuestra reflexión; situar este interrogante en el centro e interpelarnos para elaborar un nuevo saber, una nueva forma de presentarnos el caso, una dirección posible que nos permita elaborar estrategias precisas de acompañamiento.
  2. Triangulación. Espacio individual donde un profesional expone, en un lugar más reservado, dificultades e interrogantes particulares en el desarrollo de su función educativa. Se elabora una respuesta entre éste, la Dirección —aportando la visión pedagógica— y un profesional de la subjetividad.
  3. Espacio metodológico. Espacio semanal de trabajo en equipo en el que, a partir de los casos y momentos de impasse que cada profesional lleva a discusión, se elaboran las estrategias comunes a llevar a cabo con los alumnos. Implica la reflexión conjunta y la reinvención de respuestas que se ajusten a las necesidades de cada alumno, y que
    garanticen la política educativa y la metodología del caso por caso.

A estas herramientas se suma el trabajo con los Centros de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) y demás recursos del territorio. El trabajo en red ayuda a sostener el recorrido de los alumnos. Un buen ejemplo es el realizado en la Red de Infancia y Adolescencia de Cornellà (XIAC).

Después de 18 años, en El Llindar sabemos que el sufrimiento psíquico puede hacer de obstáculo al aprendizaje. Para acercarse a él y acompañar a estos adolescentes y jóvenes en su tránsito a la vida adulta es importante que la palabra circule. «Fuera hace frío» y El Llindar quiere ser ese lugar que resguarda y esa mirada amable para sostenerlos.




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *