La escuela salesiana, una escuela inclusiva y de calidad

Óscar Bartolomé – Coordinador nacional de Escuelas Salesianas

La Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, más conocida como LOMLOE, se publicó en el BOE el 30 de diciembre de 2020 y entró en vigor el día 21 de enero de 2021. Este nuevo curso escolar 2022-2023, según el calendario de implantación de la ley, se han puesto en marcha en las distintas etapas y en los cursos impares las modificaciones introducidas en el currículo. En varios casos los decretos autonómicos han llegado ya iniciado el mes de septiembre, pero más allá de esta situación que está generando cierta incertidumbre en nuestros colegios, quiero hacer referencia a algunos de los principios que la LOMLOE nos ofrece y las posibilidades que nos da para integrarlas en nuestra propuesta educativa de las escuelas salesianas o reforzar aquellos aspectos que por nuestro estilo educativo llevamos años trabajando.

En primer lugar, al inicio del preámbulo, se nos vuelve a recordar, como ya lo hacía la LOE (2006) que “las sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo”. Parece una afirmación obvia, pero sin dedicar los suficientes recursos será difícil hacer realidad esta premisa. Sigue recordando el preámbulo que “una buena educación es la mayor riqueza y el principal recurso de un país y de sus ciudadanos y ciudadanas”. Nosotros, como hijos e hijas de Don Bosco, no podemos estar más de acuerdo con estas afirmaciones y hacer todo lo posible para que todas aquellas personas que entran en contacto con nosotros en nuestras casas, ya sean colegios, plataformas, centros juveniles o parroquias, reciban una atención personalizada y un trato exquisito. Los jóvenes y las jóvenes no son el futuro de nuestras sociedades, son ya el presente y necesitan que les demos la mejor respuesta posible a su situación personal. Esto trató de hacerlo Don Bosco en su Turín decimonónico donde no faltaban los problemas juveniles ni sociales. Una respuesta original y concreta a una situación concreta; no sin grandes esfuerzos se empeñó para hacer una sociedad más justa, para hacer de sus chicos “buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

La LOMLOE trata de ofrecer una propuesta educativa basada en principios de calidad y equidad en continuidad con la LOE y “revertir los cambios promovidos por la LOMCE”  (Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa). La nueva ley acoge en su propuesta los planteamientos de la UNESCO e integra los de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. También presenta una somera descripción de la situación social y juvenil recordando la generalización del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la importancia que ha de concederse a los derechos de la infancia reconociendo el interés superior del menor, el enfoque de igualdad de género a través de la coeducación, el enfoque transversal que busca una mejora continua de los centros y una mayor personalización del aprendizaje, la importancia de atender al desarrollo sostenible según la Agenda 2030, el valor que tiene en nuestra sociedades el cambio digital… Estos enfoques tienen como objetivo “reforzar la equidad y la capacidad inclusiva del sistema, cuyo principal eje vertebrador es la educación comprensiva”.

La educación inclusiva y la formación integral son elementos esenciales en esta ley, pero como veremos a continuación hace años ya estaban recogidos en nuestra Propuesta Educativa de las Escuelas Salesianas (2008) y aparecerán reforzados en la nueva versión que verá pronto la luz.

Ciertamente, más allá de otros temas que ponen de manifiesto la diferencia evidente entre la escuela pública y la escuela concertada sostenida con fondos públicos, muchos de estos principios indicados u otros como puede ser el tema del cuidado de la ecología o la educación para la prevención de conflictos, por poner otros dos más, están en el ADN de nuestro estilo educativo salesiano, quizás con matices diferentes y desde una concepción de la persona muy diferente a como la entiende la LOMLOE.

Si acudimos a nuestra actual Propuesta educativa veremos cómo se nos recuerda la importancia de la educación integral de la persona en todas sus dimensiones (educativo-cultural, evangelizadora-catequética, vocacional y asociativa) y se busca un proceso de desarrollo armónico de las diferentes capacidades de la persona. Quizás nos esté lejos de lo que se propone con el DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje), que partiendo de la diversidad desde el inicio de la planificación didáctica trata de ofrecer a todo el alumnado posibilidades diversas de aprendizaje: múltiples formas de implicación, de representación de la información y de acción y expresión del aprendizaje[1]. Cada alumno o alumna es un ser único e irrepetible y adaptarse a su realidad permitirá un mayor éxito en el proceso educativo. No deja de ser un reto para todos los agentes implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Un reto que supone un cambio metodológico. Una realidad que quizás las plataformas sociales y aquellos espacios en los que se ofrece atención individualizada y personalizada a un grupo reducido de alumnos o alumnas es más fácil de conseguir que trabajando con grupos amplios. La LOMLOE nos recuerda la importancia de la formación integral desarrollada en clave competencial y permitiendo que el alumnado crezca en una capacitación de formación permanente (life long learning).

Una escuela inclusiva y abierta, que acoge a todos.

Si vamos a nuestra nueva propuesta educativa cuando presenta quiénes somos, los que hacemos realidad la escuela salesiana nos recuerda lo siguiente: “fieles a nuestros orígenes y valores, en nuestro contexto actual somos: una escuela cristiana-salesiana, con una identidad evangélica manifiesta, una escuela inclusiva y abierta, que acoge a todos; una escuela centrada en el alumnado, protagonista del hecho educativo; una escuela que acompaña a quienes educan; una escuela innovadora, en continua actualización; una escuela conectada con el mundo y con la realidad”. Queremos ser una escuela abierta a la realidad actual, social y legislativa, pero sin perder ni olvidar nuestros orígenes. En otro apartado, cuando se hace referencia al protagonismo del alumnado se indica que en nuestras escuelas salesianas “atendemos, reconocemos y acogemos la diversidad como una oportunidad y un recurso, desde un enfoque inclusivo que favorezca una respuesta ajustada a las necesidades e intereses de cada uno”. Declara claramente cuál es nuestra intencionalidad educativa.

Finalmente, la Carta de Identidad de la Escuela y Formación profesional Salesiana en Europa, Medio Oriente y África Norte nos recuerda que la identidad de las escuelas y centros de formación profesional salesianos ofrece un proyecto educativo de “inclusión y equidad, para que cada uno se sienta apoyado y amado, se exprese la cultura del encuentro y se viva la fraternidad universal en la alegría de acoger a todos, sin dejar atrás a ningún joven”.

Personalizar el proceso educativo es esencial, tratar de atender a cada persona en su situación pone de manifiesto el valor que le concedemos, buscar las mejores metodologías para llegar a cada persona nos hará más cercanos y nos permitirá dar una mejor respuesta al alumnado en cualquiera de las etapas educativas en la que nos encontremos.

¡Sigamos buscando la mejor forma de llegar a cada persona para que pueda dar lo mejor de sí misma, especialmente a nuestros niños, niñas y jóvenes! Será el mejor indicador de que nuestra escuela salesiana está dando una respuesta de calidad.


[1] A este respecto se pueden ver, entre otros, el artículo de Carmen Alba Pastor accesible en internet y publicado en la revista del Consejo Escolar del Estado Participación educativa el año 2019: https://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:c8e7d35c-c3aa-483d-ba2e-68c22fad7e42/pe-n9-art04-carmen-alba.pdf




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