Las dificultades que se vuelven oportunidades

Campaña de los frutos rojos, Huelva.

Toñi Moriana Aurioles. Fundación Don Bosco.

En estos tiempos que estamos viviendo, es momento de poner en valor el compromiso de la persona por el Bien Común y de visibilizar la valía y aportación a la sociedad de quienes normalmente están en último lugar. Entre otras personas, jóvenes migrantes que están contribuyendo en la recogida de frutos y otras tareas agrícolas, esenciales para garantizar la alimentación, cuando nadie quiere hacerlo, y no siempre en la mejor de las condiciones. El programa Incorpora de “la Caixa” posibilita, en este contexto, la colaboración público-privada entre diferentes sectores para favorecer la inclusión social de estos jóvenes. En esta sección de entrevista se destaca la colaboración de la Fundación la Caixa, Fundación Cajasol, entidades sociales que desarrollan su labor en Huelva y la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia, como entidad coordinadora de este proyecto en Andalucía. Esta colaboración y el esfuerzo de los diferentes profesionales implicados ha posibilitado que se produzcan estas historias de éxito.

Entre las medidas extraordinarias COVID-19, con la publicación del RDL 13/2020 de 7 de abril y RDL 19/2020 de 26 de mayo se han adoptado en materia de empleo agrario, medidas extraordinarias de flexibilización, necesarias evidentemente, para asegurar el mantenimiento de la actividad agraria en toda esta época insólita que estamos viviendo. Inicialmente estaban previstas para la vigencia del estado de alarma, ampliándose a posteriori hasta el 30 de septiembre.

Entre las personas que han podido participar de estas medidas de flexibilización, aparecen los jóvenes nacionales de terceros países que se encuentran en situación regular entre los 18 y 21 años. Ahora, estos jóvenes migrantes que se acogieron al citado Real Decreto, pueden acceder a una autorización de residencia y trabajo tras la finalización de la vigencia de su permiso de trabajo actual. La vigencia es de dos años, renovable por otros dos, válida en todo el territorio nacional y sin límites sectoriales o de actividad. Es decir, los que lo consiguen, podrán trabajar en cualquier sector, no solo en el agrario. En este sentido, es evidente que, el campo, está contribuyendo de forma clave en la inclusión de estas personas jóvenes, muchas de ellas, procedentes de la tutela legal de los servicios de protección cuando eran menores.

Junto a este soplo de aire fresco, nos encontramos con un cambio de interpretación de la Ley de Extranjería, dictado por el Tribunal Supremo, por el que se exige a quienes son menores migrantes acreditar que cuentan con medios de vida propios para su permiso de residencia no lucrativo —sin autorización a trabajar—. Concretamente, se les pide disponer del 100% del Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), unos 540 euros al mes, al cumplir los 18 años. Requisito evidentemente difícil de cumplir para cualquier joven con esa edad y circunstancias. Save the Children o FEPA, entre otras organizaciones, han denunciado estas trabas que les «impiden» renovar su permiso de residencia al cumplir 18 años.

Con todo esto, las medidas de flexibilización para el empleo agrario están siendo, por un lado, aval de garantía alimentaria para la sociedad y por otro, puerta posible para la inclusión a través del empleo de este colectivo de jóvenes cuando otras se están cerrando. Este nuevo escenario, es el que ha activado durante estos últimos meses el trabajo colaborativo entre varias entidades sociales impulsado por el Programa Incorpora de “la Caixa”. Hablamos en concreto del grupo de entidades sociales de Huelva: Faisem, Fundación Valdocco, Asociación Nuevos Horizontes y Fundación Don Bosco, que han facilitado la participación de jóvenes de diferentes localidades para posibilitar primeras experiencias laborales en las recogidas frutícolas de la provincia. A modo de ejemplo, durante el estado de alarma, 30 jóvenes acompañados por Fundación Don Bosco, encontraron empleo en el sector agrario, en el contexto de estas medidas de flexibilización referidas.

No todas las campañas agrícolas son iguales, año tras año se repite la falta de interés en la campaña de la fresa en la provincia de Huelva por las duras condiciones del trabajo —esfuerzo físico, altas temperaturas bajo plástico, su baja remuneración, unos 37 euros el jornal, y la coincidencia con otras campañas, algunas de ellas en sectores más «amables»—. Este año se ha sumado el miedo y la incertidumbre de la pandemia de la COVID-19 y las precarias condiciones sanitarias en las que desarrollaron su labor los temporeros y las temporeras, imprescindibles y necesarios más que nunca.

Compartimos así los testimonios de quienes lo han experimentado en primera persona. Con estas tres historias de vida y la experiencia de quienes «acompañan», se hace realidad que otro mundo es posible y que «cuando se quiere se puede».

IBRAHIMA (19 años, Guinea Conacri)

«Mi nombre es Ibrahima, llevo varios años en España, me encuentro en un centro de acogida para jóvenes mayores de edad y, este año, he podido trabajar en la campaña de la recogida de la fresa. Tengo una pequeña discapacidad, pero eso no me ha impedido realizar mi trabajo y poder demostrar las ganas que tengo por poder valerme por mí mismo. Me ponía muy contento cuando mi jefe me decía que le parecía increíble que fuera la primera vez que trabajaba en la fresa, siempre me esforzaba por ser de los mejores y hacerlo todo muy bien, para que estuvieran todos muy contentos conmigo. La recolección de la fresa es un trabajo muy duro, pero yo lo que quiero es trabajar no me importa que el trabajo del campo sea duro, quiero poder tener por fin mi permiso de trabajo y poder ser independiente y este año por fin gracias a la campaña de la fresa veo mi sueño un poco más cerca. La empresa me ha facilitado una vivienda para la campaña, ya que mis recursos económicos no me permiten el desplazamiento en
autocar todos los días.»

ISMAEL (18 años, Marruecos)

«Este año ha sido mi primer contacto con el sector del campo, antes había trabajado en la recogida de residuos, hostelería, … pero debido a la poca demanda de empleo en estos meses, vi en el campo la oportunidad de poder tener un empleo y en cuanto me lo ofrecieron dije que sí sin pensármelo. Ha sido un trabajo muy duro, admiro mucho a mis compañeros que los veía como trabajaban sin descanso y yo por falta de experiencia veía que no podía compararme, aun así, me quedo con todo lo aprendido. Me gustaría encontrar trabajo en otro sector y por ellos sigo estudiando y preparándome, pero si me saliera otra vez la oportunidad de trabajar en el campo la aceptaría ya que lo que quiero es poder trabajar e ir consiguiendo mis metas. Mi sueño es ser Policía Nacional, para ayudar a las personas como me han ayudado a mí, pero no he tenido una familia que me apoyara, por lo que ahora, mi prioridad es buscar trabajo para poder independizarme y estudiar las oposiciones. Tengo que agradecer a todas las personas que me han ayudado porque sin ellas no hubiera sido posible esta gran oportunidad.»

HUGO (18 años, Portugal)

«No tengo ni he tenido una vida fácil, ya que llevo años pasando de centros a otros centros, pero al trabajar las habilidades sociales y empezar a tener contacto con el empleo me ha hecho crecer mucho como persona. Yo no tenía experiencia ninguna en el trabajo del campo, pero dentro de lo que cabe no se me ha dado mal. Es un trabajo muy duro, son muchas horas y el sueldo es cortito. La campaña no ha sido muy larga, pero fue una salida para mí que no tenía nada de trabajo, sigo buscando algo en hostelería, pero si no encuentro nada volveré la siguiente campaña al campo.»

Desde el otro punto de vista

Cuando preguntamos a quienes han tenido la experiencia de acompañar estos procesos y qué ha supuesto esta experiencia nos hablan desde el corazón y la profesionalidad:

«Hemos vivido diferentes sensaciones, porque en nuestro trabajo nos involucramos mucho, trabajamos con las personas que más necesidades tienen, con muchas personas jóvenes que no tienen su documentación en regla o que nunca han tenido la oportunidad de trabajar, y, de repente, vemos un rayo de esperanza. No podemos negar que teníamos sentimientos encontrados: miedo, un índice alto de ansiedad hacia lo desconocido, tristeza, nostalgia y más en un periodo de alerta grave sanitaria. Pero a la vez, ganas, fuerza, motivación y superación. Nos decíamos, vamos a contagiar a los y las jóvenes de esos pensamientos positivos y de ver la posibilidad de mejorar y crecer en sus vidas. Por lo que la experiencia ha sido muy positiva.»

En algunos casos, nos decían: «Mi vida tendrá un antes y un después. Este acompañamiento educativo me ha hecho más humana, ha hecho posible que crea aún más en mi trabajo, me he sentido una referente positiva hacia estas personas, quienes veían que no importa la hora, ni el sitio, porque siempre les tenderemos una mano.»

Caminando en red

«Ha sido una experiencia que evidencia cómo multiplica el trabajo en red, el trabajo colectivo y comunitario. Uno más uno no son dos. La suma de esfuerzos hace que los resultados se multipliquen por encima de lo esperado. Esta ha sido nuestra experiencia en Huelva. Hemos tenido la suerte de trabajar en red, con una buena coordinación, con las entidades sociales de la Red Incorpora de Huelva impulsadas por la Obra Social de “la Caixa” y con la red de centros y recursos de mayoría de edad para jóvenes ex tutelados, dando una mayor cobertura y obteniendo mejores resultados. El objetivo en común compartido, la inserción sociolaboral del mayor número posibles de personas, se ha multiplicado por la complicidad que hemos generado, la constancia y el papel tan importante de cada una persona implicada.

Cabe destacar, la oportunidad que han dado particularmente algunas empresas, como Surexport, implicándose y facilitando el acceso a los puestos de trabajo, desde los inicios, haciendo las entrevistas, al desarrollo, ya que nos ha facilitado el medio de transporte y la contratación de jóvenes. Y todo, con una coordinación casi diaria del seguimiento de las personas que estaban trabajando.»

Las experiencias reflejadas, nos invitan a pensar en la importancia del compromiso común a modo de circuitos solidarios que permiten generar mejores alternativas, incluso en tiempos de pandemia. Respuestas que no pueden ser improvisadas, sino cimentadas desde una colaboración real.

Creer en que otro mundo es posible y que «cuando se quiere se puede», requiere alternativas concretas desde los gobiernos, con la implicación del tejido empresarial, siguiendo el ejemplo e invitación de las entidades del tercer sector, descritas por el Papa Francisco como «los verdaderos poetas sociales, que, desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.» «Nadie se salva solo de la pandemia. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados.»

Ibrahima, Hugo, Ismael, Tere, Sara, Celia… gracias por hacer vida la Tarea Común e invitarnos con vuestro compromiso compartido, en medio de esta crisis mundial, a participar en ella con más fuerza que nunca.

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