Mª Eugenia Lloris: «La selva de este lado del mundo, depende de la selva amazónica»

Entrevista a María Eugenia Lloris Aguado por Toñi Moriana, directora de Administración de la Fundación Don Bosco.

La misionera María Eugenia LLoris, religiosa del Verbum Dei, forma parte del equipo itinerante de la Red Eclesial Panamazónica en la triple frontera (Brasil, Perú, Bolivia), que se centra en el acompañamiento y la defensa integral de los territorios, de los grupos más vulnerables y de sus derechos, participó en la “Tierra de la Casa Común” durante el Sínodo de la Amazonía del 6 al 27 de octubre del 2019, junto con otros misioneros y representantes indígenas.

¿Qué experiencia te conduce hasta el sínodo en Amazonia?

Desde enero de 2019, participo de una experiencia misionera, intercongregacional e inter-institucional, llamada Equipo Itinerante. El Equipo Itinerante (EI) actualmente está constituido por dos núcleos, uno en Manaos, y el otro en Iñapari, pequeño municipio del Perú, en la frontera de Bolivia, Perú y Brasil (BOLPEBRA). La mayoría de sus miembros presentes en el Sínodo, representando así, una gran variedad de lecturas, experiencias y visiones, a convivencia con ellos me enriquece, ofreciendo cada uno, diferentes matices a este complejo mosaico de pueblos y culturas que componen la Amazonia.
Durante el mes de junio, estaba visitando a mi familia, y se realizó la primera reunión de la secretaria de la Casa Común. Dada mi proximidad a Roma, me ofrecí para poder ayudar. No sé si es sabido, que durante el Sínodo había dos espacios que dialogaban entre sí: la Sala Sinodal, en la que las personas participantes, eran convocadas e invitadas, por su experiencia y por la contribución que podían dar en el Sínodo. Y otro espacio: La Casa Común, en la que participábamos quienes tenemos una presencia en Amazonia, donde se realizaban momentos de espiritualidad, seminarios, mesas de debate, encuentros de líderes indígenas.

Ya pasados unos meses desde su celebración, ¿reafirmas que este Sínodo cumplió con su finalidad?

Nuestra presencia en el Sínodo, hizo que Roma, – con todo lo que representa esta ciudad para la Iglesia-, entendiera, lo que es Amazonia. Después de Roma, estuvimos por España, quince días más, divulgando en los medios de comunicación presentes, a través de entrevistas, artículos como este, ruedas de prensa y programas de radio y TV, todo lo que se hizo en los 110 eventos que se realizaron en la Casa Común, haciendo que nuestra presencia en Roma, en la prensa internacional, y después en España, tuviese una repercusión en toda Europa.

Nuestra presencia en Roma, no solo trajo consecuencias para pensar una ecología integral, y mostrar una manera diferente de intervención y cuidado de la tierra, a partir de los pueblos originarios, y de lo que pudimos informar y revivir en esos días. También, fue novedad nuestra forma de ser Iglesia en red, nuestra manera de vivir en Amazonia, y de expresar nuestra fe y espiritualidad, de manera simple e integrada con la Madre Tierra. El Papa aprovechó, de nuestra manera de vivir, y toda la Iglesia que allí estaba representada a través, de congregaciones, grupos, e instituciones presentes en la pan-amazonia, para de alguna manera, expresar su deseo de una Iglesia viva, inculturada en la realidad, sinodal y en red; al mismo tiempo, todos los que allí se hicieron presentes, aprovecharon y captaron mucho de nuestra espiritualidad, de lo que somos, tomándolo como referencia para sus trabajos misioneros, convidándonos a todos a vivir una fe más integrada con el cuidado de la tierra.

¿Porque deberíamos preocuparnos por el destino de la amazonia? ¿Realmente todo está conectado y nos afecta al mundo entero?

Ahora en este ambiente de COVID, reafirmamos que es necesario cuidar de esta riqueza insustituible, la Madre Tierra:

“La naturaleza se sostiene en ´proceso de crecimiento de límites interconstruídos a través de una diversidad de seres en mutua relación, de manera que ninguno excede su propio nicho. Y, la vorágine del ‘desarrollo sostenido o sustentable’, como lo hemos llamado, del crecimiento económico y del poder omnímodo de algunos ha excedido el nicho de los seres vivientes” (Cf. Rose M. Radford).
Exceder nuestros límites, desconsiderar la naturaleza, nos coloca en esta situación de vulnerabilidad social mundial.

“Todo está conectado” (LS, 16) y por eso, “Una selva sin la otra no tiene solución”. Creo que el coronavirus nos da una dolorosa experiencia y vivencia profunda de que, en esta Casa Común, todos y todas estamos conectados y que, por la depredación de las selvas del Amazonas, de la cuenca del Congo en África, o de Malacia en Oceanía, no tienen solución si las “selvas de asfalto y hormigón” de los países del norte no cambian su modo de vida de acumulación, consumista y depredador. Al final las empresas que depredan muchas partes del mundo están allí porque alguien de modo consciente o inconsciente compra y consume sus productos… Pero dicen los especialistas que, si las selvas tropicales del mundo se depredan, también el equilibrio sistémico del planeta se rompe y toda la humanidad será afectada… En un mundo que está profundamente conectado, “¡una selva sin la otra no tiene solución!”.

Tenemos ejemplos en Europa de movilizaciones iniciadas por jóvenes, como el caso Greta. No es cierto, que lo poco que podamos hacer, no tiene repercusión. “Gestos pequeños en lugares desconocidos, hechos por personas insignificantes, puede transformar la sociedad”. Es una tarea en conjunto, porque la Casa es común, es de todos. Así pedían los pueblos originarios en el Sínodo: “queremos que la Iglesia sea nuestro aliado en la defensa de la Madre Tierra”. Unamos nuestros esfuerzos en esta causa común: SOMOS TIERRA.

¿Es posible que se cumplan los cuatro grandes sueños del Papa Francisco para la Iglesia misionera con rostro amazónico?

Los cuatro sueños, son sueños que todos tenemos desde hace tiempo. Es el sueño compartido en esos días, y construido desde hace años. Los que en Amazonia vivimos, hemos luchado por la defensa de las culturas, por una Iglesia con rostro amazónico y con el protagonismo de los nativos, con su manera de ser y de celebrar la vida. Hemos buscado y estamos en camino de una Iglesia amazónica, con espiritualidad integrada a la Tierra como aprendimos con ellos. Es un hecho que ese camino se inició hace tiempo. Por eso, “Sueño que se sueña solo es pura ilusión, sueño que se sueña juntos es señal de solución”- así cantamos en las canciones católicas en el Brasil. Son sueños que vienen se haciendo realidad desde hace años. Aquí soñamos un poco más alto, y todos afinamos nuestro sueño. Podría el sueño ir más lejos, si…Pero para ir juntos hay que intentar afinar el paso. No queremos un paso desconectado del otro.

Esa fue la grandeza del Sínodo, todos juntos encontramos la fuerza para vivir lo que cada uno hacía. Nos empoderamos y encorajamos, para denunciar los abusos, y anunciar la Vida y el buen vivir de los pueblos originarios que, en su integralidad con la Tierra y el cosmos, tienen mucho a enseñarnos.

¿En la búsqueda de nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, Como responder con una espiritualidad inculturada?

El camino es la presencia gratuita junto a los pueblos y las comunidades. Son ellos los que tienen que decir, mostrar los caminos. La espiritualidad hace parte de la vida cotidiana de los pueblos, que perciben a Dios en las cosas y todas las cosas en Dios.

Cuando van a entrar en la selva, normalmente piden permiso a la mata para entrar, para cortar una rama, un árbol o cualquier otra planta. Rezan para curar a los hermanos y hermanas, para recoger las plantas medicinales que la selva les ofrece. Guardan con cariño las enseñanzas de sus antepasados, que respetan y saludan en sus rituales. Una vida conectada, con vivos y muertos, con la naturaleza. La vida fluye por el tiempo como el rio en su cauce.

Es el respeto al Misterio: una naturaleza inmensa que se nos impone y que no controlamos. Pueblos que viven una confianza radical en Dios, en la providencia, que les ofrece lo que necesitan y que no acumulan, sino que viven con lo que hay. Como necesitamos aprender la cultura del decrecer, disminuir, vivir con menos. Pueblos que no saben lo que es acumular, que no necesitan porque la Tierra les dará, y porque si yo acumulo, quito al otro. ¿Será que aprendemos ese respeto profundo por el otro, por los otros, por todo lo que nos rodea?

Vivamos esta espiritualidad que reconoce el lugar que los pueblos originarios tienen, que les pertenece. Territorio que ellos ocupan desde siempre, con la categoría fundamental del buen vivir, en una integración radical con la naturaleza y el cosmos.

Como mujer, ¿Cómo resuenan las palabras de Francisco, sobre la presencia de mujeres “fuertes y generosas” que han mantenido la Iglesia en pie en estos lugares?

Evidentemente, el Sínodo podía haber apuntado más claramente los servicios y ministerios femeninos en la Iglesia, pero es necesario reconocer, que una afirmación así: “En una Iglesia sinodal, las mujeres, que de hecho realizan un papel central en las comunidades, deberían tener acceso a funciones, incluso, servicios eclesiales (…), no se había hecho. De aquí resulta también que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades” (QA.103). Evidentemente, dependerá mucho de la interpretación que cada persona haga. Pues este número finaliza; “más sin dejar de hacerlo en su estilo propio de su perfil femenino”. ¿Cuál es ese perfil?

Quien tiene que decir cuál es el papel de la mujer en la Iglesia es la misma mujer. De hecho, hay ya muchas experiencias bien sucedidas de mujeres que han ocupado cargos de responsabilidad en los vicaritos, en las Conferencias, diócesis pero que se desconocen. Experiencias que muestran la competencia de la mujer, y su idiosincrasia y manera de hacer diferenciada.
Por otro lado, había quienes esperaban el documento para ver si se hablaba de la ordenación o diaconado de las mujeres. ¿Será que las mujeres queremos ese ministerio, cuando vemos que el clericalismo esta con frecuencia imposibilitando el protagonismo de los laicos y de los otros sujetos eclesiales, y encerrando la Iglesia en una estructura que cada vez se aleja más del Evangelio y de los orígenes del cristianismo?

Las mujeres queremos estar en los lugares de decisión y de responsabilidad, porque Jesús se rodeó de ellas, que lo acompañaron de cerca y hasta el final. Estar en lugares de decisión y de responsabilidad como hemos ido conquistando en la sociedad, también en la Iglesia, donde estamos realizando nuestros servicios, profesiones y vocación. Más la cuestión es: ¿cómo? ¿De qué manera queremos estar? Estas respuestas merecen una reflexión amplia liderada por las propias mujeres, que puedan ir forjando su identidad femenina y su idiosincrasia particular en la Iglesia. Una Iglesia con un rostro femenino.

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