Mis familias y yo

Olga Morla Casado. Madre. Maestra y Educadora Social. Madrid
Beatriz Gutiérrez Cabezas. Educadora de la Fundación JuanSoñador. León

Olga es madre y es hija, hermana, amiga, pareja, educadora… vive lejos de su familia de origen y ha creado en estos últimos veinte años otros lazos y contextosde convivencia que según  efiende también han sido familia.

“Si pienso en la familia más allá del termino jurídico pienso en compartir, convivir, crecer juntos, amar, refugiarse. Pienso en mis hermanos, en mi hermana, en mis padres, pero también pienso en todas las personas con las que de una u otra forma he convivido.

He crecido en el seno de una familia de estructura tradicional, conviví con quien fue mi pareja y marido, me divorcie y compartí piso con un amigo al que considero hermano, en ese momento vivían con nosotros chicos que no tenían a su familia cerca y los tratábamos como hijos. Luego me quedé embarazada y fui madre soltera. Mi hija y yo vivimos solas durante tres años y hoy en día convivimos con mi actual pareja y su hija construyendo nuestra nueva familia. Mi hija ya tiene varias personas de referencia con quienes aprender a mirar el mundo.

A lo largo de mi trayectoria familiar, ser madre ha significado un gran cambio; mucho sacrificio (renuncia a la organización de mi tiempo, de mis actividades, plena dedicación, compaginar crianza y trabajo…). No lo puedo idealizar ya que he vivido momentos muy duros de soledad, impotencia, dudas, vértigo… pero a pesar de esto, es tan bonito el vínculo creado, es tan mágico ver crecer la vida.

Hoy se habla mucho de conciliación laboral y familiar y la realidad es que aún estamos muy lejos de conseguirla. Cuando mi hija era pequeña podía compaginar guardería con llevarla al trabajo, pero era realmente difícil atender al trabajo y a la peque y me cuestionaba si era el trabajo el lugar adecuado para un bebé. En algunos países la baja por maternidad es de un año entero y creo que eso es un gran acierto. Los primeros años de vida son fundamentales para generar una seguridad básica y apego en el bebé y el Sistema no se da cuenta de lo importante que es esto. Pero he visto que el cuadrar horarios, tiempos, es un problema en unos y otros modelos de familia. Qué importante la familia extensa, los abuelos, las amigas y amigos incondicionales, la tribu.

Desde mi experiencia no soy capaz de decir cuál es el tipo de familia perfecta. De todas las formas en las que yo he vivido me quedo con todas; todas me han permitido estar bien, realizarme, madurar, desarrollarme, sentirme protegida e importante, también me han permitido proteger, cuidar, compartir. Por ejemplo, como madre soltera, me encanta la relación que hemos establecido mi hija y yo, como resolvemos y salimos adelante, generando herramientas de vida constantemente. Cuando han vivido chavales conmigo, a pesar de vivir muchos momentos muy duros también teníamos ratos de risa, de divertirnos muchísimo… algunos de esos chicos a los que yo en su momento apoyé, luego se han convertido en padrinos de mi hija y han sido ellos los que han estado cuando yo los he necesitado.

Está mi familia de sangre, donde tengo mis raíces, sé que ellos están de manera incondicional y puedo volver en cualquier momento. Son raíces que me dan identidad, pertenencia. Pienso en cada familia de la que he formado parte y no quiero desprenderme de ninguna. Por ejemplo, cuando me fui a vivir con quien luego fue mi marido, conseguí entre muchísimas otras cosas, independencia, salir de la ciudad donde vivía y hacer realidad algunos sueños de ese momento, nos apoyamos mutuamente para dar un paso, que igual solos no hubiéramos dado, o así lo veo ahora desde la distancia (me consta que él también ha conseguido muchas cosas).

Desde esta realidad de diversidad familiar, me sorprende lo difícil que es aún moverte como familia monomarental sin que te pregunten una y otra vez dónde está el padre o te dificulten las gestiones administrativas tan comunes como puede ser una matrícula del cole. Hace poco en un banco, haciendo un trámite me pidieron la firma del padre de la niña, al responder que era familia monomarental el trabajador me espetó: bueno, mientras seáis felices… Por supuesto que somos felices, ¿por qué insinúas que pueda ser más feliz otro tipo de familia?

Que esto cambie depende de todo el mundo. Creo que es importante abrir nuestras mentes y pensar que la familia va más allá de cualquier orden establecido, que a veces uno opta, elige o se le sobreviene una realidad; la suya, una familia. Y hay tantas como personas y tendremos que aprender a respetar y convivir con ellas, respetar las vidas y las decisiones de las personas sin juzgar con esta facilidad que nos suele caracterizar.

Estoy orgullosa de no olvidarme de dónde vengo, de seguir sintiendo mi esencia y valorando mis raíces, contenta de no vivir mi divorcio como un fracaso y respetar ese proceso, satisfecha de haber abierto mi casa a chavales de otros países que me han enseñado a vivir con alegría, a mantener el optimismo a pesar de las duras situaciones que ocurren a lo largo de la vida. Me alegra haber sido capaz de superar mis miedos y sobre todo me siento muy orgullosa de haber decidido tener a mi hija. Me siento orgullosa de permitirme seguir siendo mujer además de madre, de apostar por una nueva relación de pareja, de construir una nueva familia, de no quedarme donde no quiero estar.

De cara al futuro nos imagino disfrutando de cada momento, de cada compañía, creciendo con la mente abierta y haciendo todo aquello que nos propongamos”.

Escucho las palabras de Olga que conozco casi desde que nací; es mi amiga del alma. No compartimos genes, ni grupos sanguíneos, ni ningún certificado que reconozca nuestra incondicionalidad. No somos familia, o… ¿Quizás si?

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