Revalorizar a los niños, niñas y adolescentes en tiempos de postpandemia

Si bien es habitual escuchar que la infancia es el futuro; son numerosas las situaciones que nos hacen sentir que muchas veces ésta no sólo es olvidada sino que tampoco es bien tratada. Desde este sentir y desde las ganas de sensibilizar respecto a los derechos de la infancia En la calle hemos juntado a conversar a tres mujeres para las que poner en el centro a los niños, niñas y adolescentes es una prioridad y una urgencia.

  • Marta Martínez Muñoz: Socióloga y Cofundadora de Enclave de Evaluación, con una gran dedicación al estudio y promoción de las políticas y derechos de la infancia.
  • Gabriela Velásquez Crespo: Abogada e investigadora. Centrada en el derecho a la participación de las infancias y los derechos de las infancias migrantes.
  • Gema Rodríguez González: Responsable de programas de la Coordinadora Estatal de Plataformas Sociales Salesianas que ha facilitado el diálogo conjunto.

A continuación os esbozamos aquellos aspectos más relevantes de este apasionante diálogo que os invitamos a ver en nuestra web:

Tendemos a poner la infancia como futuro.

Superar la visión de lo que los niños y niñas “van a ser”, no les reconocemos por lo que son. Les hacemos presentes en el ámbito privado como hijos, hijas, alumnos, alumnas, participantes en las asociaciones. Las niñas y niños no están presentes en el ámbito público; no les reconocemos sus capacidades. No se ha considerado narrar su historia. Ha costado mucho que se visibilice en las políticas públicas, en las estadísticas, presupuestos, etc.

Les negamos la participación, decidimos por ellas y ellos.

Nuestra sociedad tiene una gran visión adultocentrista: «Todo por la infancia pero sin la infancia». «El adultocentrismo mata, abusa, odia —se les convierte en sujetos de odio (por ejemplo los niños y niñas menores migrantes no acompañados)—» Tiene consecuencias concretas en sus vidas cotidianas. Igual que el feminismo cuestiona nuestra vida cotidiana, con el adultocentrismo deberíamos hacer lo mismo. La sociedad no será buena hasta que no incluyamos a todos los grupos. Hay que ponerse las gafas «niñólogas».

Invisibilidad del papel de la infancia en la lucha por transformar la realidad.

Siempre ha habido movimientos de lucha desde su cultura, desde su contexto. Así por ejemplo podemos señalar el protagonismo infantil en la lucha contra el cambio climático, niños y niñas trabajadores, movimientos estudiantiles, etc. Son muchos los ejemplos de niños y niñas que hacen historia.

Terrazas abiertas y parques cerrados

Otro elemento negativo del trato a la infancia lo hemos vivido en la gestión de la pandemia; Los niños y niñas han sido señalados como «los contagiadores», vectores de contagio, así como la criminalización de las acciones de adolescentes y jóvenes.

Los derechos de la Convención del Niño que más resistencia tienen son los derechos civiles.

Se ha dejado la participación para el ámbito social, pero no político. No hay que olvidar que estamos planteando una participación infantil en una sociedad adultocéntrica.

Participación protagónica

Paradigma que surge a finales de los 70 en Perú, vinculado a la infancia trabajadora. Aquella participación que no tiene un componente de incidencia real en sus vidas y que no tiene un componente de organización, si no más a modo de participación institucional y no como organización ni movimiento social, no se puede llamar participación protagónica. Para conseguir una transformación social real es necesaria una participación política.

Hay que posicionar el concepto de protagonismo social en lo que han sido las luchas en América Latina. El concepto de protagonismo surge del binomio «agonía-lucha». Quienes habían estado en los márgenes pasaban a estar en el centro del debate político. Niños y niñas son sujetos con capacidad de «lucha», esto nos da miedo y cuando se da se empieza a hablar de adoctrinamiento. Tenemos que entender de dónde vienen estos paradigmas para que no se pierda nada durante el proceso.

Retos que deben hacernos reflexionar:

  • Cambiar la mirada de la infancia en nuestras propias organizaciones: metodología, proyectos, etc.
  • ¿Cómo pasar de lo social a lo político? Pueden ser agentes de cambio no solo de su realidad cotidiana. Niños y niñas referentes en la transformación de la realidad.
  • Reflexionar sobre las competencias en las que se educa. Educar para la transformación social y política. Buscar y proponer modelos de participación válidos y acompañar estos procesos.
  • Generar procesos protagónicos.
  • Formación y sensibilización para desmotar culturas «adultocéntricas».
  • «Ley Violencia» gracias al trabajo de todas las personas que han puesto este tema en el candelero durante más de 20 años.
  • Cambiar la lógica, primero «participar» para saber cómo proteger los derechos y después, «promover» que estos se garanticen. La participación tiene que generar incidencia. Fomentar estructuras que favorezcan la participación de manera eficaz y protagónica.




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